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Argentina
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS
Centros de Detención Clandestina
Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas – MNER
Organizaciones de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina - ONPIA
Grissinopoli: Una Nueva Esperanza


Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS

El 24 de Marzo de 1976 un golpe de estado derrocó al gobierno de Isabel Perón. Ya desde 1975 en la Argentina operaba un aparato de represión y crimen denominado Alianza Anticomunista Argentina, más conocido como la Triple “A” y bajo el mando de López Rega. Pero la irrupción de los militares al gobierno supuso la aplicación sistemática del terrorismo de estado. Los militares golpistas que prometían la “reorganización nacional”, son los culpables de uno de los capítulos más sangrientos de la historia del país. Durante aquellos años miles de personas fueron asesinadas por los llamados “grupos de tareas”, otras tantas fueron secuestradas y detenidas en centros clandestinos de detención, verdaderos campos de concentración donde las personas eran torturadas y asesinadas. Las condiciones de detención eran inhumanas, y buena parte de los detenidos forman parte de los “30.000 desaparecidos”. Este término fue acuñado por los militares que de este modo definían la situación de las personas secuestradas y asesinadas. Los familiares de estas personas padecieron la crueldad de esta situación, y hasta el día de hoy viven con la angustia el no saber lo que sucedió con sus seres queridos. ¿Estaban vivos o muertos, dónde estaban y qué les había ocurrido? ¿Podrían volver a verlos? ¿Tendrían algún día noticias de ellos? Los militares y sus cómplices impusieron una política de terror para paralizar a la sociedad y evitar cuestionamientos de cualquier índole.

Es entonces cuando surgen las organizaciones de Derechos Humanos. Las Madres de Plaza de Mayo ocupan un lugar de honor y se convierten en la voz de los sin voz y en grupo de referencia de la lucha por la verdad y la justicia. Incansables, las Madres recorrerán ministerios, cuarteles, comisarías, iglesias, embajadas, cárceles, hospitales, tribunales internacionales, para dar con sus hijos, pero nunca encuentran respuestas coherentes ni sosiego.

La idea de agruparse surge de la necesidad vital de luchar en forma conjunta, de unirse para ser oídas, de compartir los retazos de información que van obteniendo. En abril de 1977 comienzan a reunirse frente a la Casa Rosada, sede del gobierno. Azucena Villaflor de Vicenti, también desaparecida, propuso entonces la Plaza de Mayo como punto de reunión para expresar los reclamos. Pero en aquellos años regía el Estado de Sitio y estaban prohibidas las reuniones de más de tres personas. Fue así como la misma policía les ordenó a las Madres que circularan y comenzaron una ronda que desde entonces se repite cada jueves a las 15 horas. Una marcha que ya es un rito, una comunión.

Las madres se reconocen por un pañuelo blanco que llevan en sus cabezas. Un símbolo que las identifica y que al principio se hicieron con los pañales de bebés. Poco a poco las Madres fueron obteniendo información sobre la suerte de sus hijos. Se encontraron fosas comunes. Se hicieron pruebas de ADN que constataron la identidad de los restos. Hubo arrepentidos entre los criminales que confesaron las aberraciones cometidas. Lograron tener un espacio de reunión para seguir con sus actividades. Hasta el día de hoy las Madres de la Plaza de Mayo continúan con su búsqueda y reclaman justicia.

Como en muchos movimientos sociales, en este también existen rupturas. Así las Madres están en la actualidad divididas en dos grupos. Por un lado las que pertenecen a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo cuya presidenta es Hebe de Bonafini. Por otro las que se denominan Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dirigida por Nora Cortiñas.

La cambiante situación social de la Argentina ha hecho que la Asociación de Madres de Plaza de Mayo incluya en su agenda las nuevas temáticas que van surgiendo. Así en nombre de los Derechos Humanos en un sentido amplio este grupo lucha por la creación de puestos de trabajo, contra el hambre y la explotación, contra las políticas del FMI, por el no pago de la deuda externa, etc. Ellas reivindican el compromiso revolucionario de sus hijos y levantan esas mismas banderas de lucha. En esta visita nos acompaña Ricardo Aguilar, comprometido con la lucha por los derechos humanos; quien nos introduce en la Casa de las Madres.

Una de las frases que más impacta de sus discursos, es aquella idea de “socializar la maternidad”, postura que parece a contrapelo de una sociedad que todo lo privatiza y en la que el triunfo del individualismo parece implacable.

En los últimos años la Asociación han creado La Universidad de la Madres, ubicada frente a la Plaza del Congreso. En ella imparten cursos para la formación de profesionales críticos, un trabajo de siembra que apuesta al futuro. A ellas ya se las ve mayores, pero no por eso con menos energía para seguir luchando por la vida de sus hijos, por la justicia y la dignidad de los pueblos. Existen también otras organizaciones defensoras de los Derechos Humanos como Las Abuelas de Plaza de Mayo cuya líder es Estela de Carloto. Ellas llevan adelante la tarea de encontrar a los hijos de sus hijos nacidos en cautiverio y apropiados por los militares y sus cómplices. Hasta el día de hoy han restituido la identidad a más de 70 jóvenes víctimas de la represión.

Más reciente es el grupo HIJOS por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, que agrupa a los hijos de los desaparecidos y tiene alcance internacional. Una particularidad de este grupo es que ha desarrollado un modo nuevo de expresar sus reivindicaciones a través de los “escraches”, manifestaciones frente a los domicilios de los genocidas.

Existen otras organizaciones importantes como la Liga Argentina por los Derechos Humanos, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, etc.

De acuerdo con estimaciones de los organismos de DD. HH., durante la última dictadura militar, en todo el territorio de la República Argentina existieron alrededor de 400 centros clandestinos de detención. De acuerdo con la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, “...ingresar a ellos significó en todos los casos ‘dejar de ser’, par lo cual se intentó desestructurar la identidad de los cautivos, se alteraron sus referentes tempoespaciales, y se atormentaron sus cuerpos y espíritus más allá de los imaginado’.

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Centros de Detencion Clandestina

-Museo de la Memoria – ESMA:

En la Escuela Mecánica de la Armada, más conocida como la ESMA, funcionó unos de los principales centros clandestinos de detención y tortura, desde el año 1977 a 1983. El pasado 24 de marzo de 2004 al cumplirse un nuevo aniversario del golpe de estado de 1976, el presidente Néstor Kirchner, declaró que en el predio de 17 hectáreas que ocupa la Armada se construirá un Museo de la Memoria, en homenaje a los 30.000 desaparecidos. El proyecto aún está en fase de diseño ya que existen discrepancias entre las diferentes organizaciones de Derechos Humanos sobre qué contenido y forma darle al Museo.

Kirchner y los funcionarios que lo acompañaron en una visita previa al acto del 24 de marzo, fueron los primeros funcionarios de un gobierno democrático que ingresaron a la ESMA.

Cerca de la Plaza de Mayo, visitamos el Proyecto de recuperación de la memoria del centro clandestino de detención “Club Atlético”.

La iniciativa de recuperar el sitio donde funcionó el “Club Atlético” surgió de la demanda de un grupo de sobrevivientes de este centro clandestino y organismo de Derechos Humanos. El 13 de abril de 2002, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires comenzó las primeras obras de excavación constituyéndose en la primera iniciativa de arqueología urbana relacionada con la memoria de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado en esta ciudad.

El proyecto consiste en realizar un trabajo de recuperación arqueológica, documental y testimonial con el objetivo de crear un lugar de memoria, donde se transmita y explique lo sucedido allí durante la dictadura militar en Argentina.

Conjuntamente con el trabajo de excavación arqueológica –que permite encontrar las estructuras del edificio original y las modificaciones para el funcionamiento del centro clandestino de detención- se realiza una investigación histórica con el objetivo de identificar a las personas desaparecidas que estuvieron detenidas en el lugar, así como avanzar en la búsqueda de sobrevivientes del campo para ampliar la información. Hasta el momento la investigación ha permitido identificar a 105 liberados y 208 desaparecidos. También se recaban datos sobre los represores que actuaron allí y s situación actual.

El “Club Atlético” fue uno de los centros clandestinos de detención instalados en la Ciudad de Buenos Aires durante la dictadura militar. Funcionó entre febrero y diciembre de 1977 en el sótano de un edificio de tres plantas, ubicado en Avenida Paseo Colón entre Cochabamba y San Juan. El inmueble pertenecía al Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de la División Administrativa de la Policía Federal y a fines de los ’70 fue demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo. Algunos de los elementos de la infraestructura del “Club Atlético” fueron utilizados para construir el Centro Clandestino de Detención “El Olimpo”.

Según los testimonios de sobrevivientes, las personas alojadas en dicho centro llegaban en el interior de vehículos particulares con los ojos vendados. Al llegar al lugar eran sacadas de los automóviles y transportadas violentamente por una escalera pequeña a un lugar subterráneo, sin ventilación. Se les retiraban todos sus efectos personales, se les colocaban grilletes y eran nominados con una letra y un número. El métodos de interrogación era la tortura.

El campo tenía dos secciones de celdas, que estaban enfrentadas en un pasillo muy estrecho, contaba con dos salas de torturas, baños, la llamada “leonera” (lugar de concentración de detenidos), una enfermería, la sala de guardia y tres celdas individuales.

El lugar tenía capacidad para unas doscientas personas y, según refieren los liberados, durante su funcionamiento habría alojado a más de 1.500 personas. Este dato se deduce de las letras y los números adjudicados a los detenidos. Aproximadamente, una o dos veces al mes una veintena de detenidos era trasladados con un destino incierto. “Traslado” fue el eufemismo utilizado por los represores par encubrir el asesinato de los detenidos. El grupo represor con base en este Centro Clandestino operaba fundamentalmente en la Capital y Gran Buenos Aires. El personal estaba integrado por fuerzas de seguridad, especialmente de la Policía Federal y actuaba en contacto con otros centros clandestinos, como la ESMA, Campo de Mayo y “El Vesubio”.

-Parque de la Memoria:

El Parque de la Memoria es un proyecto promovido por la Comisión pro Monumento a las víctimas del terrorismo de Estado, al cual participan representantes de los organismos de derechos humanos, como Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, etc. ; como así también legisladores, representantes de la Universidad de Buenos Aires y miembros del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de un espacio publico ubicado en la franja costera del Río de la Plata en las cercanías de la Ciudad Universitaria (Costanera Norte de la Ciudad de Buenos Aires) que albergara tres monumentos: el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, el Monumento a las Víctimas del Atentado a la sede de la AMIA y el Monumento a los Justos entre las Naciones. El objetivo es recordar y homenajear a los detenidos-desaparecidos y asesinados durante la ultima dictadura militar. Contiguo la Parque de la Memoria se esta construyendo un Parque natural donde preservar las características propias del paisaje, con la re-introducción de especies preexistentes, que potencian la relación del hombre con la naturaleza. Este proyecto integra además un programa de recuperación del área de la ribera del Río de la Plata y hace posible el uso, por parte de los vecinos de la ciudad y de quienes lo visiten, de un espacio publico con un valor testimonial, artístico y natural de características únicas.

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Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas – MNER

Las políticas neoliberales implementadas en el país desde mediados de la década del ’70 llevaron a la Argentina a una situación de crisis que en los últimos años se ha visto agravada. A su vez la crisis ha dado lugar una serie de fenómenos sociales producto de la reacción popular. En este marco se ubica el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, un iniciativa de los trabajadores que perdieron sus empleos debido al cierre de las empresas.



Ante la paradoja de encontrarse en la calle sin trabajo y ver que las empresas estaban cerradas con las maquinarias en situación de abandono, los trabajadores fueron ocupando y recuperando fábricas hasta ponerlas en marcha nuevamente. No fueron pasos fáciles de dar, ya que debieron llevar adelante acciones de resistencia y lucha, soportando la represión policial, presiones legales, económicas y en ocasiones el rechazo social. “Ocupar, resistir, producir” son las premisas de este Movimiento que hoy agrupa a 100 de las 180 empresas recuperadas de todo el país en las que trabajan más de 10.000 personas. Al día de hoy, señalan con orgullo, ninguna de las empresas recuperadas ha cerrado ni cesado sus actividades.

Recientemente en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, el MNER ha logrado que la Legislatura apruebe una Ley de expropiación de empresas quebradas, de modo que desde ese momento quedan bajo tutela de los trabajadores por el período de dos años. Esta ley ampara a las empresas de la ciudad y la intención es lograr que se sancione una ley nacional con los mismos contenidos.

Por otro lado el MNER lleva adelante una tarea de contención y asesoramiento a las empresas que inician el proceso de recuperación, es decir que intentan compartir el conocimiento que la experiencia les ha brindado. Por lo general las ganancias de las empresas se distribuyen en partes iguales entre los trabajadores o a lo sumo en escalas salariales que no superan los cuatro niveles. Cuando es posible se crean fondos que en ocasiones han servido para ayudar a otros trabajadores que inician una recuperación. “Hay un contrato de honor con las otras empresas que van surgiendo –nos dice Luis Aravena del MNER– porque a nosotros también nos han ayudado.”

Uno de los problemas que deben afrontar estas empresas tiene que ver con los recursos humanos y las dificultades para incorporar trabajadores calificados que son los que más rápidamente encuentran otros empleos. Es por ello que han firmado un convenio con la Universidad de Buenos Aires para que dicte cursos de formación profesional en áreas deficitarias, como son administración, marketing, informática, etc..

Visitamos dos empresas recuperadas, la Cooperativa IMPA que produce manufacturas de aluminio y el Hotel Bauen.

Uno de los primeros antecedentes de este fenómeno lo encontramos en la Cooperativa IMPA, una empresa metalúrgica, que desde el 22 de mayo de 1998 funciona gestionada por sus trabajadores. Desde el primer momento los obreros de IMPA contaron con la solidaridad de los vecinos y de uno en particular, el compañero Guillermo Robledo, quien les donó la primera tonelada de aluminio para la puesta en marcha de la producción.

Al poco tiempo de estar en funcionamiento recibieron un pedido que los sorprendió, pero al que accedieron. Una profesora de teatro les pedía un espacio para ensayar una obra.  Pensaban que cuanto más ampliaran la red de implicados en el proyecto más serían a la hora de defenderlo, porque siempre estaba el temor de ser desalojados. A partir de entonces artistas de diversas disciplinas se han ido acercando a IMPA en búsqueda de un espacio para la creatividad, la docencia y la exhibición de sus obras. En la actualidad funciona un Centro Cultural con una amplia oferta de cursos y seminarios que van desde la música, al teatro y de las artes plásticas al cine, pasando por la literatura y el baile. Los fines de semana parte de la fábrica se convierte en sala de espectáculos y allí se pueden oír bandas de música, disfrutar de una obra de teatro o danza o bien ver una película.

Más recientemente se ha abierto una escuela para adultos, donde es posible completar el nivel secundario de educación formal, allí asisten algunos de los obreros para completar sus estudios.

Visitamos la fábrica guiados por Horacio Campos quien nos transmitió el enorme orgullo que siente por este lugar recuperado en el que trabaja desde 1968, por ir aumentando poco a poco la producción y fundamentalmente por poder trabajar sin la presión del control patronal. Si bien la fábrica ha ampliado su producción (bandejas y papel de aluminio, envases para comestibles, pomos para uso farmacéutico, etc.) las dificultades financieras están a la orden del día, en gran medida por la herencia dejada por la administración anterior. Llama la atención cierto descuido en las condiciones de seguridad, se ven pocos guantes, ningún casco, ni antiparras, ni barbijos. Los accidentes son escasos, pero medidas de seguridad más estrictas ayudarían a que sean nulos.

El Bauen es un hotel emblemático de la ciudad de Buenos Aires. Construido bajo la presión del gobierno militar que organizó el Mundial de Fútbol ’78, tiene una larga historia de financiamiento fraudulento, traspasos, vaciamientos, reaperturas, quiebres y por fin el cierre definitivo el 28 de diciembre de 2001. Desde marzo de 2003 se encuentra ocupado por algunos de sus trabajadores y a la espera de resolver cuestiones legales que les permitan habilitarlo nuevamente para recibir pasajeros.

Amparados por la Ley de expropiación del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y tras varias acciones legales, los empleados del Bauen han obtenido la custodia del hotel pero ello no les permite explotarlo comercialmente. Sólo el alquiler de algunos salones para eventos puntuales y el bar que funciona modestamente, les permite obtener unos ingresos mínimos, insuficientes para reacondicionar el hotel en la categoría de 4 estrellas. Los empleados del Bauen están a la espera de un subsidio de 400.000$ para invertir en el mantenimiento de la infraestructura. Permanentemente deben presionar o intervenir para que no les quiten el suministro de agua, gas y electricidad, servicios que no pueden pagar por el momento.

Visitamos la recepción, el bar, algunos salones y habitaciones. El panorama es un poco desolador, fantasmal. Las 200 habitaciones que se distribuyen en sus 19 pisos están desocupadas, desmanteladas. Apena a quien lo visita porque son las ruinas de lo que fue. La inversión para poner a punto esta empresa es millonaria ya que muchas son las tareas de mantenimiento en infraestructura que están pendientes y alto el gasto en recursos humanos para este tipo de servicios.

Los jueves y durante los fines de semana en los despojados salones del Bauen hay milongas de tango, espectáculos musicales o teatrales, actividades que les permiten obtener unos recursos escasos para la enorme tarea que tienen por delante.Con el paso del tiempo el MNER ha ido ganado apoyo de la sociedad, de algunos políticos, de los medios de comunicación; ya que en un país devastado por una de las peores crisis de su historia, es grotesco que las empresas estén cerradas, las máquinas paradas y los obreros en la calle.

Conocer el MNER le ha hecho recordar a Vincenzo, uno de los turistas que acompañamos, lo sucedido en España durante la República, cuando las empresas fueron expropiadas y administradas por el pueblo. El piensa que esta experiencia debe ser ampliamente difundida. Considera relevantes los términos de la apropiación con los que los trabajadores han vivido esta experiencia, que cree son los términos de apropiación de la vida misma. “Ellos no sólo han ocupado la fábrica, sino que han ocupado sus propias existencias, la de los hombres, las de las mujeres, la de la comunidad, del barrio, todas las dimensiones vitales posibles” –afirma Vincenzo.

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Organizaciones de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina - ONPIA

Documento oficial de la ONPIA - 26 de Octubre 2004

1. Presentación
2. Resumen ejecutivo
3. Antecedentes
4. Visión
5. Misión
6. Principios
7. Políticas
8. Objetivos estratégicos
9. Líneas operativas estratégicas
10. Estructura orgánica de la ONPIA
11. Pueblos Naciones Originarias

Pueblos originarios de Argentina:
Atacama, Kolla, Chulupi, Chorote, Tobas, Mocovi, Huarpe, Mapuche, Tehuelche, Pilaga, Tupy Guaranti, Wichi, Selknam, Onas, Diaguita Calchaquí, Rankulche, Chane, Tapiete, Guarani Mbya, Tonokote, Vilela, Lule, Surita, Saraviron, Tulianes.

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Grissinopoli: Una Nueva Esperanza

Marta nos abre la puerta del “País de los Grisines”, Grissinopoli, una de las cientas de empresas recuperadas por sus trabajadores en el marco de la crisis argentina de 2001.
Existen múltiples miradas posibles acerca de este fenómeno: algunos lo consideran una victoria de la lucha de la clase obrera argentina, otros lo emparentan con la ideología del socialismo o el cooperativismo, mientras que hay quienes destacan su originalidad y hallan en él una nueva forma de movimiento social.

Lo cierto es que las condiciones de su gestación fueron únicas: un país en agonía tras una década de neoliberalismo, un índice del 60% de la población bajo el límite de pobreza y un vaciamiento total de poder. Más que guiados por una ideología, los trabajadores lucharon hasta el final porque no tenían ya nada que perder: si no defendían su derecho al trabajo los esperaba la desocupación crónica, la indigencia, el hambre.

Al visitar la planta, y guiados por el aroma, asistimos a la metamorfosis de la harina en crocantes grisines en una única línea de producción horizontal, que es metáfora de la nueva dinámica horizontal de poder de la “Cooperativa Nueva Esperanza”.

La Cooperativa nace luego de años de abusos hacia los trabajadores. La fábrica Grissinopoli fue fundada en los años '60 por un inmigrante italiano y supo posicionarse como líder del rubro panificador. A partir de 1998 es manejada por un grupo empresario que emprende un política de literal vaciamiento, llegando a adeudar para el 2001, en plena crisis económica y social, un millón de dólares, por lo que se realiza el pedido de quiebra. En el 2002 se debían a los operarios cuatro años de aportes patronales y 9 meses de sueldo, por lo que deciden ocupar la fábrica. Luego de unos meses asisten atónitos a la entrega de la misma, por parte de una jueza, a un grupo empresario que compra los activos para “asegurar su continuidad”.

Esto fue posible gracias a la figura del “cramdown”, surgida en la última modificación de la Ley de Quiebra, por el cual se autoriza a que "acreedores" o "terceros" se adueñen de la empresa. En realidad el nuevo grupo empresario usó dicha figura como maniobra especulativa para desmantelar la planta y así realizar un jugoso negocio inmobiliario. Ante ello los trabajadores realizan una Asamblea que integra otras fuerzas del movimiento social que se estaba gestando. En noviembre de 2002 una ley del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires expropia la fábrica, cediendo temporeramente la gestión, producción y comercialización de sus productos a los trabajadores en la espera que se decida sobre los arreglos de las deudas. Pocos días después se hace la primera producción de grisines bajo control obrero creándose la Cooperativa. En agradecimiento al apoyo de la comunidad, se creó Grissicultura, un centro cultural dentro de la fábrica.
Todo el proceso fue registrado por dos jóvenes cineastas que compartieron junto a los trabajadores vigilias, dudas, marchas y resistencia. El documental por ellos realizado lee la realidad de los hechos desde la mirada de quienes fueron sus protagonistas, ganando en 2004 el Premio al Mejor Documental Latinoamericano en el Festival Docupoliss de Barcelona.

Accedemos a la otrora oficina de los dueños, hoy centro de operaciones de Marta, una de los 16 trabajadores que emprendieron la épica gesta y que actualmente se encarga del área administrativa. Allí nos relata con orgullo los avatares de la recuperación y nos permite descubrir el cambio profundo que se produjo en cada uno de los trabajadores en el proceso de recuperación de la fábrica: motivados en principio por el pago de sus salarios, llegaron a discutir la legitimidad misma de la propiedad privada de quienes estafan al Estado y violan los derechos del trabajador, la experiencia de administrar los medios de producción, las primeras incursiones en el ámbito legal, la responsabilidad compartida en la toma de decisiones, el miedo y la incertidumbre, la adquisición de nuevos saberes, la oportunidad de aportar su creatividad en los procesos, la práctica de la dinámica de la solidaridad y, por sobre todo, la recuperación de su dignidad y respeto en la lucha por sus derechos.

Este cambio de conciencia representa la antítesis de la actitud dominante durante los años de letargo menemista, en donde la mayoría de la sociedad argentina aceptaba (y por lo tanto, apoyaba) el abuso de poder por parte de los pocos que lo poseían y representa realmente una “nueva esperanza” hacia ese cambio profundo que la sociedad argentina necesita para emparentarse hacia procesos de construcción colectiva.

Es en virtud de este renovado espíritu que los trabajadores de Grissinopoli nos abren las puertas de la realidad que supieron construir, sintiéndose voceros no solo de su experiencia, sino de múltiples sectores sociales que lucharon y luchan diariamente por ese cambio.

Texto de Romina Rodrigez do Campo

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