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Madres y Abuelas de Plaza de Mayo,
HIJOS
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El 24 de Marzo de 1976 un golpe de estado derrocó al gobierno
de Isabel Perón. Ya desde 1975 en la Argentina operaba
un aparato de represión y crimen denominado Alianza Anticomunista
Argentina, más conocido como la Triple “A”
y bajo el mando de López Rega. Pero la irrupción
de los militares al gobierno supuso la aplicación sistemática
del terrorismo de estado. Los militares golpistas que prometían
la “reorganización nacional”, son los culpables
de uno de los capítulos más sangrientos de la historia
del país. Durante aquellos años miles de personas
fueron asesinadas por los llamados “grupos de tareas”,
otras tantas fueron secuestradas y detenidas en centros clandestinos
de detención, verdaderos campos de concentración
donde las personas eran torturadas y asesinadas. Las condiciones
de detención eran inhumanas, y buena parte de los detenidos
forman parte de los “30.000 desaparecidos”. Este término
fue acuñado por los militares que de este modo definían
la situación de las personas secuestradas y asesinadas.
Los familiares de estas personas padecieron la crueldad de esta
situación, y hasta el día de hoy viven con la angustia
el no saber lo que sucedió con sus seres queridos. ¿Estaban
vivos o muertos, dónde estaban y qué les había
ocurrido? ¿Podrían volver a verlos? ¿Tendrían
algún día noticias de ellos? Los militares y sus
cómplices impusieron una política de terror para
paralizar a la sociedad y evitar cuestionamientos de cualquier
índole.
Es entonces cuando surgen las organizaciones de Derechos Humanos.
Las Madres de Plaza de Mayo ocupan un lugar de honor y se convierten
en la voz de los sin voz y en grupo de referencia de la lucha
por la verdad y la justicia. Incansables, las Madres recorrerán
ministerios, cuarteles, comisarías, iglesias, embajadas,
cárceles, hospitales, tribunales internacionales, para
dar con sus hijos, pero nunca encuentran respuestas coherentes
ni sosiego.
La idea de agruparse surge de la necesidad vital de luchar en
forma conjunta, de unirse para ser oídas, de compartir
los retazos de información que van obteniendo. En abril
de 1977 comienzan a reunirse frente a la Casa Rosada, sede del
gobierno. Azucena Villaflor de Vicenti, también desaparecida,
propuso entonces la Plaza de Mayo como punto de reunión
para expresar los reclamos. Pero en aquellos años regía
el Estado de Sitio y estaban prohibidas las reuniones de más
de tres personas. Fue así como la misma policía
les ordenó a las Madres que circularan y comenzaron una
ronda que desde entonces se repite cada jueves a las 15 horas.
Una marcha que ya es un rito, una comunión.
Las madres se reconocen por un pañuelo blanco que llevan
en sus cabezas. Un símbolo que las identifica y que al
principio se hicieron con los pañales de bebés.
Poco a poco las Madres fueron obteniendo información sobre
la suerte de sus hijos. Se encontraron fosas comunes. Se hicieron
pruebas de ADN que constataron la identidad de los restos. Hubo
arrepentidos entre los criminales que confesaron las aberraciones
cometidas. Lograron tener un espacio de reunión para seguir
con sus actividades. Hasta el día de hoy las Madres de
la Plaza de Mayo continúan con su búsqueda y reclaman
justicia.
Como en muchos movimientos sociales, en este también existen
rupturas. Así las Madres están en la actualidad
divididas en dos grupos. Por un lado las que pertenecen a la Asociación
de Madres de Plaza de Mayo cuya presidenta es Hebe de Bonafini.
Por otro las que se denominan Madres de Plaza de Mayo Línea
Fundadora, dirigida por Nora Cortiñas.
La cambiante situación social de la Argentina ha hecho
que la Asociación de Madres de Plaza de Mayo incluya en
su agenda las nuevas temáticas que van surgiendo. Así
en nombre de los Derechos Humanos en un sentido amplio este grupo
lucha por la creación de puestos de trabajo, contra el
hambre y la explotación, contra las políticas del
FMI, por el no pago de la deuda externa, etc. Ellas reivindican
el compromiso revolucionario de sus hijos y levantan esas mismas
banderas de lucha. En esta visita nos acompaña Ricardo
Aguilar, comprometido con la lucha por los derechos humanos; quien
nos introduce en la Casa de las Madres.
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Una de las frases que más impacta de sus discursos, es
aquella idea de “socializar la maternidad”, postura
que parece a contrapelo de una sociedad que todo lo privatiza
y en la que el triunfo del individualismo parece implacable.
En los últimos años la Asociación han creado
La Universidad de la Madres, ubicada frente a la Plaza del Congreso.
En ella imparten cursos para la formación de profesionales
críticos, un trabajo de siembra que apuesta al futuro.
A ellas ya se las ve mayores, pero no por eso con menos energía
para seguir luchando por la vida de sus hijos, por la justicia
y la dignidad de los pueblos. Existen también otras organizaciones
defensoras de los Derechos Humanos como Las Abuelas de Plaza de
Mayo cuya líder es Estela de Carloto. Ellas llevan adelante
la tarea de encontrar a los hijos de sus hijos nacidos en cautiverio
y apropiados por los militares y sus cómplices. Hasta el
día de hoy han restituido la identidad a más de
70 jóvenes víctimas de la represión.
Más reciente es el grupo HIJOS por la Identidad y la Justicia
contra el Olvido y el Silencio, que agrupa a los hijos de los
desaparecidos y tiene alcance internacional. Una particularidad
de este grupo es que ha desarrollado un modo nuevo de expresar
sus reivindicaciones a través de los “escraches”,
manifestaciones frente a los domicilios de los genocidas.
Existen otras organizaciones importantes como la Liga Argentina
por los Derechos Humanos, la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos, la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos
por Razones Políticas, etc.
De acuerdo con estimaciones de los organismos de DD. HH., durante
la última dictadura militar, en todo el territorio de la
República Argentina existieron alrededor de 400 centros
clandestinos de detención. De acuerdo con la Comisión
Nacional sobre la Desaparición de Personas, “...ingresar
a ellos significó en todos los casos ‘dejar de ser’,
par lo cual se intentó desestructurar la identidad de los
cautivos, se alteraron sus referentes tempoespaciales, y se atormentaron
sus cuerpos y espíritus más allá de los imaginado’.
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Centros de Detencion Clandestina
-Museo de la Memoria – ESMA:
En la Escuela Mecánica de la Armada, más conocida
como la ESMA, funcionó unos de los principales centros
clandestinos de detención y tortura, desde el año
1977 a 1983. El pasado 24 de marzo de 2004 al cumplirse un nuevo
aniversario del golpe de estado de 1976, el presidente Néstor
Kirchner, declaró que en el predio de 17 hectáreas
que ocupa la Armada se construirá un Museo de la Memoria,
en homenaje a los 30.000 desaparecidos. El proyecto aún
está en fase de diseño ya que existen discrepancias
entre las diferentes organizaciones de Derechos Humanos sobre
qué contenido y forma darle al Museo.
Kirchner y los funcionarios que lo acompañaron en una visita
previa al acto del 24 de marzo, fueron los primeros funcionarios
de un gobierno democrático que ingresaron a la ESMA.
Cerca de la Plaza de Mayo, visitamos el Proyecto de recuperación
de la memoria del centro clandestino de detención “Club
Atlético”.
La iniciativa de recuperar el sitio donde funcionó el “Club
Atlético” surgió de la demanda de un grupo
de sobrevivientes de este centro clandestino y organismo de Derechos
Humanos. El 13 de abril de 2002, el Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires comenzó las primeras obras de excavación constituyéndose
en la primera iniciativa de arqueología urbana relacionada
con la memoria de los crímenes cometidos por el terrorismo
de Estado en esta ciudad.
El proyecto consiste en realizar un trabajo de recuperación
arqueológica, documental y testimonial con el objetivo
de crear un lugar de memoria, donde se transmita y explique lo
sucedido allí durante la dictadura militar en Argentina.
Conjuntamente con el trabajo de excavación arqueológica
–que permite encontrar las estructuras del edificio original
y las modificaciones para el funcionamiento del centro clandestino
de detención- se realiza una investigación histórica
con el objetivo de identificar a las personas desaparecidas que
estuvieron detenidas en el lugar, así como avanzar en la
búsqueda de sobrevivientes del campo para ampliar la información.
Hasta el momento la investigación ha permitido identificar
a 105 liberados y 208 desaparecidos. También se recaban
datos sobre los represores que actuaron allí y s situación
actual.
El “Club Atlético” fue uno de los centros clandestinos
de detención instalados en la Ciudad de Buenos Aires durante
la dictadura militar. Funcionó entre febrero y diciembre
de 1977 en el sótano de un edificio de tres plantas, ubicado
en Avenida Paseo Colón entre Cochabamba y San Juan. El
inmueble pertenecía al Servicio de Aprovisionamiento y
Talleres de la División Administrativa de la Policía
Federal y a fines de los ’70 fue demolido para la construcción
de la Autopista 25 de Mayo. Algunos de los elementos de la infraestructura
del “Club Atlético” fueron utilizados para
construir el Centro Clandestino de Detención “El
Olimpo”.
Según los testimonios de sobrevivientes, las personas alojadas
en dicho centro llegaban en el interior de vehículos particulares
con los ojos vendados. Al llegar al lugar eran sacadas de los
automóviles y transportadas violentamente por una escalera
pequeña a un lugar subterráneo, sin ventilación.
Se les retiraban todos sus efectos personales, se les colocaban
grilletes y eran nominados con una letra y un número. El
métodos de interrogación era la tortura.
El campo tenía dos secciones de celdas, que estaban enfrentadas
en un pasillo muy estrecho, contaba con dos salas de torturas,
baños, la llamada “leonera” (lugar de concentración
de detenidos), una enfermería, la sala de guardia y tres
celdas individuales.
El lugar tenía capacidad para unas doscientas personas
y, según refieren los liberados, durante su funcionamiento
habría alojado a más de 1.500 personas. Este dato
se deduce de las letras y los números adjudicados a los
detenidos. Aproximadamente, una o dos veces al mes una veintena
de detenidos era trasladados con un destino incierto. “Traslado”
fue el eufemismo utilizado por los represores par encubrir el
asesinato de los detenidos. El grupo represor con base en este
Centro Clandestino operaba fundamentalmente en la Capital y Gran
Buenos Aires. El personal estaba integrado por fuerzas de seguridad,
especialmente de la Policía Federal y actuaba en contacto
con otros centros clandestinos, como la ESMA, Campo de Mayo y
“El Vesubio”.
-Parque
de la Memoria:
El Parque de la Memoria es un proyecto promovido por la Comisión
pro Monumento a las víctimas del terrorismo de Estado,
al cual participan representantes de los organismos de derechos
humanos, como Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo
- Línea Fundadora, Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos, etc. ; como así también legisladores, representantes
de la Universidad de Buenos Aires y miembros del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires. Se trata de un espacio publico ubicado
en la franja costera del Río de la Plata en las cercanías
de la Ciudad Universitaria (Costanera Norte de la Ciudad de Buenos
Aires) que albergara tres monumentos: el Monumento a las Víctimas
del Terrorismo de Estado, el Monumento a las Víctimas del
Atentado a la sede de la AMIA y el Monumento a los Justos entre
las Naciones. El objetivo es recordar y homenajear a los detenidos-desaparecidos
y asesinados durante la ultima dictadura militar. Contiguo la
Parque de la Memoria se esta construyendo un Parque natural donde
preservar las características propias del paisaje, con
la re-introducción de especies preexistentes, que potencian
la relación del hombre con la naturaleza. Este proyecto
integra además un programa de recuperación del área
de la ribera del Río de la Plata y hace posible el uso,
por parte de los vecinos de la ciudad y de quienes lo visiten,
de un espacio publico con un valor testimonial, artístico
y natural de características únicas.
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Movimiento Nacional
de Empresas Recuperadas – MNER
Las políticas neoliberales implementadas en el país
desde mediados de la década del ’70 llevaron a la
Argentina a una situación de crisis que en los últimos
años se ha visto agravada. A su vez la crisis ha dado lugar
una serie de fenómenos sociales producto de la reacción
popular. En este marco se ubica el Movimiento Nacional de Empresas
Recuperadas, un iniciativa de los trabajadores que perdieron sus
empleos debido al cierre de las empresas.
   
Ante la paradoja de encontrarse en la calle sin trabajo y ver
que las empresas estaban cerradas con las maquinarias en situación
de abandono, los trabajadores fueron ocupando y recuperando fábricas
hasta ponerlas en marcha nuevamente. No fueron pasos fáciles
de dar, ya que debieron llevar adelante acciones de resistencia
y lucha, soportando la represión policial, presiones legales,
económicas y en ocasiones el rechazo social. “Ocupar,
resistir, producir” son las premisas de este Movimiento
que hoy agrupa a 100 de las 180 empresas recuperadas de todo el
país en las que trabajan más de 10.000 personas.
Al día de hoy, señalan con orgullo, ninguna de las
empresas recuperadas ha cerrado ni cesado sus actividades.
Recientemente en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, el
MNER ha logrado que la Legislatura apruebe una Ley de expropiación
de empresas quebradas, de modo que desde ese momento quedan bajo
tutela de los trabajadores por el período de dos años.
Esta ley ampara a las empresas de la ciudad y la intención
es lograr que se sancione una ley nacional con los mismos contenidos.
Por otro lado el MNER lleva adelante una tarea de contención
y asesoramiento a las empresas que inician el proceso de recuperación,
es decir que intentan compartir el conocimiento que la experiencia
les ha brindado. Por lo general las ganancias de las empresas
se distribuyen en partes iguales entre los trabajadores o a lo
sumo en escalas salariales que no superan los cuatro niveles.
Cuando es posible se crean fondos que en ocasiones han servido
para ayudar a otros trabajadores que inician una recuperación.
“Hay un contrato de honor con las otras empresas que van
surgiendo –nos dice Luis Aravena del MNER– porque
a nosotros también nos han ayudado.”
Uno de los problemas que deben afrontar estas empresas tiene que
ver con los recursos humanos y las dificultades para incorporar
trabajadores calificados que son los que más rápidamente
encuentran otros empleos. Es por ello que han firmado un convenio
con la Universidad de Buenos Aires para que dicte cursos de formación
profesional en áreas deficitarias, como son administración,
marketing, informática, etc..
Visitamos dos empresas recuperadas, la Cooperativa IMPA que produce
manufacturas de aluminio y el Hotel Bauen.
Uno de los primeros antecedentes de este fenómeno lo encontramos
en la Cooperativa IMPA, una empresa metalúrgica, que desde
el 22 de mayo de 1998 funciona gestionada por sus trabajadores.
Desde el primer momento los obreros de IMPA contaron con la solidaridad
de los vecinos y de uno en particular, el compañero Guillermo
Robledo, quien les donó la primera tonelada de aluminio
para la puesta en marcha de la producción.
Al poco tiempo de estar en funcionamiento recibieron un pedido
que los sorprendió, pero al que accedieron. Una profesora
de teatro les pedía un espacio para ensayar una obra.
Pensaban que cuanto más ampliaran la red de implicados
en el proyecto más serían a la hora de defenderlo,
porque siempre estaba el temor de ser desalojados. A partir de
entonces artistas de diversas disciplinas se han ido acercando
a IMPA en búsqueda de un espacio para la creatividad, la
docencia y la exhibición de sus obras. En la actualidad
funciona un Centro Cultural con una amplia oferta de cursos y
seminarios que van desde la música, al teatro y de las
artes plásticas al cine, pasando por la literatura y el
baile. Los fines de semana parte de la fábrica se convierte
en sala de espectáculos y allí se pueden oír
bandas de música, disfrutar de una obra de teatro o danza
o bien ver una película.
Más recientemente se ha abierto una escuela para adultos,
donde es posible completar el nivel secundario de educación
formal, allí asisten algunos de los obreros para completar
sus estudios.
Visitamos la fábrica guiados por Horacio Campos quien nos
transmitió el enorme orgullo que siente por este lugar
recuperado en el que trabaja desde 1968, por ir aumentando poco
a poco la producción y fundamentalmente por poder trabajar
sin la presión del control patronal. Si bien la fábrica
ha ampliado su producción (bandejas y papel de aluminio,
envases para comestibles, pomos para uso farmacéutico,
etc.) las dificultades financieras están a la orden del
día, en gran medida por la herencia dejada por la administración
anterior. Llama la atención cierto descuido en las condiciones
de seguridad, se ven pocos guantes, ningún casco, ni antiparras,
ni barbijos. Los accidentes son escasos, pero medidas de seguridad
más estrictas ayudarían a que sean nulos.
El Bauen es un hotel emblemático de la ciudad de Buenos
Aires. Construido bajo la presión del gobierno militar
que organizó el Mundial de Fútbol ’78, tiene
una larga historia de financiamiento fraudulento, traspasos, vaciamientos,
reaperturas, quiebres y por fin el cierre definitivo el 28 de
diciembre de 2001. Desde marzo de 2003 se encuentra ocupado por
algunos de sus trabajadores y a la espera de resolver cuestiones
legales que les permitan habilitarlo nuevamente para recibir pasajeros.
Amparados por la Ley de expropiación del Gobierno de la
ciudad de Buenos Aires y tras varias acciones legales, los empleados
del Bauen han obtenido la custodia del hotel pero ello no les
permite explotarlo comercialmente. Sólo el alquiler de
algunos salones para eventos puntuales y el bar que funciona modestamente,
les permite obtener unos ingresos mínimos, insuficientes
para reacondicionar el hotel en la categoría de 4 estrellas.
Los empleados del Bauen están a la espera de un subsidio
de 400.000$ para invertir en el mantenimiento de la infraestructura.
Permanentemente deben presionar o intervenir para que no les quiten
el suministro de agua, gas y electricidad, servicios que no pueden
pagar por el momento.
Visitamos la recepción, el bar, algunos salones y habitaciones.
El panorama es un poco desolador, fantasmal. Las 200 habitaciones
que se distribuyen en sus 19 pisos están desocupadas, desmanteladas.
Apena a quien lo visita porque son las ruinas de lo que fue. La
inversión para poner a punto esta empresa es millonaria
ya que muchas son las tareas de mantenimiento en infraestructura
que están pendientes y alto el gasto en recursos humanos
para este tipo de servicios.
Los jueves y durante los fines de semana en los despojados salones
del Bauen hay milongas de tango, espectáculos musicales
o teatrales, actividades que les permiten obtener unos recursos
escasos para la enorme tarea que tienen por delante.Con el paso
del tiempo el MNER ha ido ganado apoyo de la sociedad, de algunos
políticos, de los medios de comunicación; ya que
en un país devastado por una de las peores crisis de su
historia, es grotesco que las empresas estén cerradas,
las máquinas paradas y los obreros en la calle.
Conocer el MNER le ha hecho recordar a Vincenzo, uno de los turistas
que acompañamos, lo sucedido en España durante la
República, cuando las empresas fueron expropiadas y administradas
por el pueblo. El piensa que esta experiencia debe ser ampliamente
difundida. Considera relevantes los términos de la apropiación
con los que los trabajadores han vivido esta experiencia, que
cree son los términos de apropiación de la vida
misma. “Ellos no sólo han ocupado la fábrica,
sino que han ocupado sus propias existencias, la de los hombres,
las de las mujeres, la de la comunidad, del barrio, todas las
dimensiones vitales posibles” –afirma Vincenzo.
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Organizaciones
de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina - ONPIA
Documento
oficial de la ONPIA - 26 de Octubre 2004
1. Presentación
2. Resumen ejecutivo
3. Antecedentes
4. Visión
5. Misión
6. Principios
7. Políticas
8. Objetivos estratégicos
9. Líneas operativas estratégicas
10. Estructura orgánica de la ONPIA
11. Pueblos Naciones Originarias
Pueblos originarios de Argentina:
Atacama, Kolla, Chulupi, Chorote, Tobas, Mocovi, Huarpe, Mapuche,
Tehuelche, Pilaga, Tupy Guaranti, Wichi, Selknam, Onas, Diaguita
Calchaquí, Rankulche, Chane, Tapiete, Guarani Mbya, Tonokote,
Vilela, Lule, Surita, Saraviron, Tulianes.
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Grissinopoli: Una Nueva
Esperanza
Marta nos abre la puerta del “País de los Grisines”,
Grissinopoli, una de las cientas de empresas recuperadas por sus
trabajadores en el marco de la crisis argentina de 2001.
Existen múltiples miradas posibles acerca de este fenómeno:
algunos lo consideran una victoria de la lucha de la clase obrera
argentina, otros lo emparentan con la ideología del socialismo
o el cooperativismo, mientras que hay quienes destacan su originalidad
y hallan en él una nueva forma de movimiento social.
Lo cierto es que las condiciones de su gestación fueron
únicas: un país en agonía tras una década
de neoliberalismo, un índice del 60% de la población
bajo el límite de pobreza y un vaciamiento total de poder.
Más que guiados por una ideología, los trabajadores
lucharon hasta el final porque no tenían ya nada que perder:
si no defendían su derecho al trabajo los esperaba la desocupación
crónica, la indigencia, el hambre.
Al visitar la planta, y guiados por el aroma, asistimos a la metamorfosis
de la harina en crocantes grisines en una única línea
de producción horizontal, que es metáfora de la
nueva dinámica horizontal de poder de la “Cooperativa
Nueva Esperanza”.
La Cooperativa nace luego de años de abusos hacia los trabajadores.
La fábrica Grissinopoli fue fundada en los años
'60 por un inmigrante italiano y supo posicionarse como líder
del rubro panificador. A partir de 1998 es manejada por un grupo
empresario que emprende un política de literal vaciamiento,
llegando a adeudar para el 2001, en plena crisis económica
y social, un millón de dólares, por lo que se realiza
el pedido de quiebra. En el 2002 se debían a los operarios
cuatro años de aportes patronales y 9 meses de sueldo,
por lo que deciden ocupar la fábrica. Luego de unos meses
asisten atónitos a la entrega de la misma, por parte de
una jueza, a un grupo empresario que compra los activos para “asegurar
su continuidad”.
Esto fue posible gracias a la figura del “cramdown”,
surgida en la última modificación de la Ley de Quiebra,
por el cual se autoriza a que "acreedores" o "terceros"
se adueñen de la empresa. En realidad el nuevo grupo empresario
usó dicha figura como maniobra especulativa para desmantelar
la planta y así realizar un jugoso negocio inmobiliario.
Ante ello los trabajadores realizan una Asamblea que integra otras
fuerzas del movimiento social que se estaba gestando. En noviembre
de 2002 una ley del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires expropia
la fábrica, cediendo temporeramente la gestión,
producción y comercialización de sus productos a
los trabajadores en la espera que se decida sobre los arreglos
de las deudas. Pocos días después se hace la primera
producción de grisines bajo control obrero creándose
la Cooperativa. En agradecimiento al apoyo de la comunidad, se
creó Grissicultura, un centro cultural dentro de la fábrica.
Todo el proceso fue registrado por dos jóvenes cineastas
que compartieron junto a los trabajadores vigilias, dudas, marchas
y resistencia. El documental por ellos realizado lee la realidad
de los hechos desde la mirada de quienes fueron sus protagonistas,
ganando en 2004 el Premio al Mejor Documental Latinoamericano
en el Festival Docupoliss de Barcelona.
Accedemos a la otrora oficina de los dueños, hoy centro
de operaciones de Marta, una de los 16 trabajadores que emprendieron
la épica gesta y que actualmente se encarga del área
administrativa. Allí nos relata con orgullo los avatares
de la recuperación y nos permite descubrir el cambio profundo
que se produjo en cada uno de los trabajadores en el proceso de
recuperación de la fábrica: motivados en principio
por el pago de sus salarios, llegaron a discutir la legitimidad
misma de la propiedad privada de quienes estafan al Estado y violan
los derechos del trabajador, la experiencia de administrar los
medios de producción, las primeras incursiones en el ámbito
legal, la responsabilidad compartida en la toma de decisiones,
el miedo y la incertidumbre, la adquisición de nuevos saberes,
la oportunidad de aportar su creatividad en los procesos, la práctica
de la dinámica de la solidaridad y, por sobre todo, la
recuperación de su dignidad y respeto en la lucha por sus
derechos.
Este cambio de conciencia representa la antítesis de la
actitud dominante durante los años de letargo menemista,
en donde la mayoría de la sociedad argentina aceptaba (y
por lo tanto, apoyaba) el abuso de poder por parte de los pocos
que lo poseían y representa realmente una “nueva
esperanza” hacia ese cambio profundo que la sociedad argentina
necesita para emparentarse hacia procesos de construcción
colectiva.
Es en virtud de este renovado espíritu que los trabajadores
de Grissinopoli nos abren las puertas de la realidad que supieron
construir, sintiéndose voceros no solo de su experiencia,
sino de múltiples sectores sociales que lucharon y luchan
diariamente por ese cambio.
Texto de Romina
Rodrigez do Campo
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