Escuela N° 11
“América Libre” – Morón
La
escuela N° 11 de Morón es un ejemplo de la democratización
de la vida cotidiana en la Argentina y una apuesta decidida por
la construcción de un futuro mejor, diseñando un
programa educativo orientado hacia los Derechos Humanos, basado
en el rescate de la memoria y la toma de conciencia de los acontecimientos
políticos, sociales y económicos que han marcado
al país y la región.
Existe una enorme diferencia entre el clima que se respira en
la escuela actualmente y el que se vivía con anterioridad,
en plena dictadura militar. Son otros los contenidos y los enfoques
de las asignaturas, pero también es otro el modo en que
alumnos y docentes se relacionan. La autoridad no necesita del
autoritarismo y la interacción pareciera potenciar la horizontalidad,
más que las jerarquías que de todas maneras existen.
La escuela ha construido con esfuerzo la panadería “Pañuelos
Blancos”. Inicialmente con el fin de brindar a los alumnos
un complemento a la alimentación que en sus casas suele
ser insuficiente. Luego sirvió para solidarizarse con otros
proyectos del barrio, como es el Comedor Comunitario Padre Carlos
Mujica o como herramienta para la obtención de algún
dinero y la creación de puestos de trabajo. El sueño
es lograr adquirir un horno más grande que permita una
mayor producción.
Así la escuela se ha convertido en un lugar de producción;
producción de conocimientos y producción de panes.
Todo se cuece.
Ricardo Aguilar, profesor de la escuela, nos explica el “calendario”
donde los estudiantes van señalando los hechos que son
relevantes para el modo en que ellos entienden la historia: El
nacimiento de un poeta latinoamericano, la muerte de un líder
social, la desaparición de un artista, etc.
Cerca de la entrada de la escuela está el Auditorio que
lleva el nombre “30.000 compañeros desaparecidos”,
es un espacio que se utiliza para realizar actos escolares y otras
actividades.
Los turistas que la visitan hacen un aporte solidario a la escuela
que es un ejemplo y un caso particular. El panorama educativo
nacional es bastante más penoso; el presupuesto educativo
es el mismo desde hace 15 años y cada vez hay más
alumnos. Un profesor en promedio gana 400 pesos al mes y las consecuencias
de la crisis han hecho que las escuelas se conviertan en un lugar
estratégico para la contención de los más
jóvenes.
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La Asociación
de Turismo “La Niña Pueblo Rural”
La Asociación de Turismo “La Niña Pueblo Rural”
nace en agosto de 2003 con el objetivo de promocionar a La Niña
como destino turístico. El
lema de la Asociación dice: “para venir y quedarse”,
invitando a compartir el modo de ser y de vivir de los pueblos
rurales; para entrar en contacto con la hospitalidad de la gente
de campo.
   
Luego de una temporada de lluvias desproporcionadas que provocaron
inundaciones severas en la región pampeana, el pueblo quedó
aislado por meses, ya que el 80% de las tierras circundantes quedaron
bajo agua. Una gran parte de los campo cultivables se convirtieron
en lagunas, obligando a los habitantes a abandonar el lugar o
a crear nuevas alternativas, esta última fue la opción
que triunfó. Los pescadores que se acercaron a la zona
ahora plagada de lagunas demandaban servicios que los pobladores
de La Niña comenzaron a brindar modestamente. La adversidad
climática no venció a estos pobladores que se vieron
obligados a redireccionar sus actividades, orientándose
hacia el turismo.
Esta Asociación está integrada por los vecinos de
La Niña, quienes brindan alojamiento en sus propias casas
de campo o estancias. Cuentan con el apoyo de otras instituciones
y comparten la idea de que el turismo es una herramienta para
la reconversión de la economía, capaz de generar
un proyecto de desarrollo local que permita construir un futuro
más justo para todos.
Desde el año 1996, en la Estancia La Catita, próxima
a La Niña, se desarrolla un proyecto de agroturismo. Quienes
visitan el establecimiento, recorren además la pequeña
localidad de 500 habitantes y comparten distintas actividades
con los vecinos; conocer la panadería y su antiguo horno
romano, la picada en el boliche, el partido de bochas, la charla
en la Delegación como actividades con la escuela.
Una de las actividades que promueve la Asociación consiste
en la edición del Calendario La Niña que se ha convertido
en una herramienta de difusión y rescate del modo de ser
y de vivir de los pueblos rurales. Sus ilustraciones muestran
los oficios, las instituciones, los juegos y quehaceres de la
gente del lugar. En su última edición se imprimieron
4000 ejemplares que fueron distribuidos por el país y en
el extranjero.
La Asociación organiza cursos de Formación Profesional
en actividades vinculadas con el agro y sobre métodos de
conservación de los alimentos, fabricación de quesos
y mermeladas. Entre las actividades que desarrollan se cuenta
la recuperación de un teatro y la organización del
primer Festival de “Cine en el campo” titulado “Del
aislamiento al encuentro”. Para la promoción de las
diferentes iniciativas que involucran a todo el pueblo en las
actividades turísticas se ha inaugurado una oficina de
informes turísticos y una página web.
Son muchos los logros que se han obtenido para la comunidad. En
primer lugar se ha logrado una valorización de la propia
identidad como pueblo agrícola, junto con las tradiciones
del trabajo de campo. También se han iniciado obras de
recuperación de edificios con valor histórico, como
la tienda “El Cañón” que luego de muchos
años de permanecer cerrada se está reciclando como
centro cultural comunitario. Allí los artistas y los artesanos
locales encuentran un espacio para exponer sus creaciones, brindando
además la posibilidad de trabajar junto a otras instituciones
locales y sectores del estado que buscan la consolidación
de este proyecto. El fin es redescubrir la historia, profundizar
los vínculos con otras comunidades que se vean identificadas
con esta experiencia y continuar la formación para mejorar
la calidad de los servicios.
El objetivo principal de la Asociación es defender la cultura
popular, revalorizar la vida cotidiana, generar expectativas hacia
el futuro, compartir el estilo de vida rural, ser hospitalarios
y sobre todo luchar por una sociedad más justa sin excluidos.
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“Museo Histórico
Provincial” y “Reserva Natural de Uso Múltiple”
Guillermo E. Hudson

Ubicada a mitad de camino entre la ciudad de Buenos Aires y La
Plata, en diciembre de 2000 con la Ley provincial 12.584 se la
declara Reserva Natural de Uso Múltiple (aproximadamente
54 hectáreas) en homenaje al gran naturalista Guillermo
Enrique Hudson. Quien naciera en 1841 en este paraje, conocido
entonces como la estanzuela “Los 25 Ombúes”.
El principal fin de la Reserva es educar y generar un espacio
de reflexión y participación, así también
como complemento de los programas de estudios, tanto de escolares
como de niveles superiores. Está destinada a inspirar respeto
y amor hacia la naturaleza, tal como lo hizo el escritor durante
toda su vida. Hudson legó un importante testimonio tanto
de la fauna y la flora como en la descripción precisa del
hombre de campo y su paisaje, allá por el siglo XIX. Fue
también no solo uno de los más importantes naturalistas
de su época - primer ornitólogo argentino-, conservacionista,
lírico o costumbrista, sino quizá también
el primer etólogo conocido. Hasta la aparición de
Hudson los naturalistas se limitaban a describir los comportamientos
animales, pero fue el mismo Hudson quien intentó por primera
vez dar explicaciones racionales a lo observado. Inspirador de
la primer ley de protección a las Aves, y en la creación
de la prestigiosa Royal Society for the Protection of Birds (R.S.P.B.).
La otra importante función de la Reserva
es la de preservación de los ambientes. Se encuentra enmarcada
dentro de las llamadas “Reservas Urbanas”, nombre
destinado a designar extensiones naturales relativamente pequeñas,
ubicadas en áreas urbanas o en zonas cercanas a la urbe.
Cumplen una importante función educativa y demostrativa
de procesos naturales y socio-culturales; generando incluso identidad
y nuevos hábitos en los habitantes cercanos. La Reserva
Hudson preserva dos arroyos con más de 20 especies de peces.
Y en total se han identificado cerca de 200 especies de vertebrado.
Aves migratorias la visitan (churrinches, golondrinas, pecho-colorados,
cuclillos…), algunas de las cuales se alimentan y reponen
para sus largos viajes. Más de 200 especies de plantas
vasculares, entre nativas y exóticas, repartidas en bosquecitos
de talas (Celtis tala), estepa pampeana, bañados y pastizales,
completan la oferta. Paisajísticamente también ha
conservado las “lomas” de la llamada Pampa Ondulada,
en lo alto de las cuales crecen pequeños talares.
En particular “La provincia de Buenos Aires es el sector
del país más afectado por la actividad humana, ya
desde el siglo XVI se observa una retracción de la flora
indígena debido a las actividades agrícolo-ganaderas.
En épocas más recientes, la industrialización,
la urbanización y la contaminación han afectado
considerablemente a la flora de la Provincia” . Lo mismo
podemos decir de la fauna, y en mayor o menor medida del recurso
paisajístico. Dado que en el noreste de la provincia se
encuentra la más alta aglomeración urbana del país,
es lógico toparse con la problemática social de
miles de habitantes. La urbanización anárquica y
la ocupación de tierras son algunos de los síntomas
y la Reserva ha sobrevivido al embate de tales circunstancias,
gracias al esfuerzo de voluntarios y de autoridades, y continúa
trabajando para que así sea.
La historia para la creación de este Reserva bien ilustra
el esfuerzo y la lucha para ir contra corriente en una zona muy
cotizada por diferentes actores. Desde 1929 Fernando Pozzo, médico
quilmeño enamorado y estudioso de la obra de Hudson, descubre
el lugar e inmediatamente forma una comisión de amigos,
con los cuales se dedica al rescate del Solar Natal. En 1949 el
vizconde Davidson y su hermana donan unas 4 hectáreas para
ser destinadas a Museo y Parque Evocativo. La provincia de Buenos
Aires las acepta por Decreto Nº 3.061. Masao Tsuda, embajador
del Japón en Argentina (1954), presidente de la Asociación
Hudsoniana de Tokio junto a la Asociación Amigos de Hudson
en Argentina realizan activas gestiones para rescatar la propiedad
de los intrusos. Recién en 1957 la provincia de Buenos
Aires crea el Museo y Parque Evocativo Guillermo Enrique Hudson
por Decreto N° 7.641 con dependencia de la Dirección
de Museos, Reservas e Investigaciones Culturales. A partir de
1991 las gestiones de la profesora Violeta Shinya fructifican
y se recibe la primera partida de las generosas donaciones gestionadas
por Masao Tsuda y el Embajador Yoshio Fujimoto, de distintas empresas
y la Asociación de Amigos y lectores de Guillermo E. Hudson
del Japón. Se inicia la ampliación de tierras del
Museo en dirección al arroyo las Conchitas. En 1996 se
obtienen donaciones de organismos internacionales de Japón
y de la Fundación Lloyds Bank. Debemos también valorar
la inagotable y desinteresada participación de muchos colaboradores.
En fin más de 70 años de rescate nacional e internacional
han dado sus frutos. Historia, naturaleza y esparcimiento se combinan
perfectamente en este predio. El rancho natal del gran escritor
y naturalista, de más de 200 años de antigüedad,
se erige entre enormes ombúes. Lugar de peregrinaje y visita
de muchos turistas extranjeros, quienes se sienten atraídos
por la prosa hudsoniana. Cuenta con una importante biblioteca
(más de 15.000 libros), Salón de Usos Múltiples,
Arboretum y área de acampe. La biblioteca cuenta con un
sector especializado en la obra del escritor y opera para difundir
traducciones de sus obras entre los jóvenes de habla hispana,
porque muchas de las existentes ya no se consiguen. Para una mayor
efectividad se está desarrollando un programa piloto de
difusión de folletos en las escuelas de la región.
Los mismos contienen traducciones actualizadas y comentarios relacionados
con el conocimiento, en especial la temática ambiental,
de la cual Hudson fuera pionero.La entrada es libre y gratuita
y hay visitas guiadas sábados, domingos y feriados para
el público en general. Miércoles, jueves y viernes
para grupos escolares. Durante la primera semana de agosto comunidades
aborígenes celebran la tradicional fiesta de la Pachamama,
en la que ofrendan y agradecen a la Madre Tierra. En cualquier
momento es visitada por folkloristas, lugareños, fortines
gauchos, artistas y toda aquella persona amante de la paz y la
tranquilidad.
www.hudsonmuseoyparque.org.ar
Texto de Marcelo Montenegro
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